Algo se rompe dentro de mí cada vez que maltratan y asesinan a otra como yo

Este es la primera entrada con la que me “estreno” en esto de escribir para mi Blog y mis redes sociales.

Es difícil hablar en términos de feminismo sin hablar de violencia de género. Y han sido todas las mujeres que han sido asesinadas esta semana, nada menos que 4 en un solo día, por lo que he decido dar el paso de hacer una publicación al respeto.

Hace un momento leía el artículo “La trampa del amor romántico” escrito por Paloma Tosar López, publicado el 27 de septiembre de 2018 en la sección de Opinión de El País en su edición online. En este artículo, la autora describe (muy bien) las trampas del amor romántico, en cómo las mujeres hemos sido educadas y hemos crecido con la idea que el amor, de tener una pareja y ser feliz con ella es “la piedra angular de nuestra existencia” y cómo esta idea nos lleva a las mujeres a aguantar, citando en su artículo lo que Clara Coria denominó “la dimensión perversa del aguante”. 

Habla también que las mujeres que han sido víctimas de violencia de género y que no han tenido la oportunidad de trabajar con un psicólogo/a experto en violencia de género que les muestre que han estado repitiendo un patrón aprendido, tendrán una alta probabilidad de repetir relación con otro maltratador. De hecho, su artículo comienza expresando “La primera vez que trabajé con mujeres víctimas de violencia me llamó poderosamente la atención que la mayoría de las mujeres estaban viviendo su segunda o tercera relación con un maltratador”.

Hasta aquí todo correcto, nada más se podría decir.

Sin embargo, donde sí tengo cosas que añadir es en el último párrafo del artículo donde habla de los hombres, refiriéndose a ellos como “chicos”, “… trabajar con los chicos otras formas de ser hombre y ayudarles a cuestionar la masculinidad hegemónica (…)” y “…trabajar el empoderamiento de las chicas, ayudarles a no caer en la trampa del amor romántico y a entender que los chicos y hombres con los que estén nunca van a cambiar (…). Cierto es que trabajar con chicos y chicas es la mejor manera de prevención del maltrato, de cambiar ideas fijadas y estreotipadas sobre los roles que cada una de nosotras, según seamos mujeres u hombres, experimentamos en nuestras relaciones. He de suponer que la autora se refiere a mujeres y hombres entre ¿13 y 25 años?, o ¿se refiere a adolescentes hasta los 18 años? Porque si bien es cierto que a esas edades es donde las relaciones amorosas empiezan a gestarse, son los hombres, maduros, los no tan chicos, lo que asesinan a las mujeres con las que han tenido una relación íntima o simplemente las asesinan por el hecho de ser mujer, de mujeres que no son sujeto, sino objeto de su posesión y del que se pueden desprender quitándole la vida porque ya no le es útil.

El esfuerzo no es poner el foco en la mujer que es víctima, sino en los hombres que son maltratadores, en esos hombres que, más que maltratadores, son psicópatas y que han aprendido a relacionarse desde la humillación, el desprecio, la rabia y el infringir dolor gratuito a una persona vulnerable. Vulnerable en su sensibilidad en el encuentro con ese otro, que la maltrata, la humilla y le quita la vida. Y es cuando en el artículo acaba diciendo que “Debemos interiorizar de una vez por todas que solo debemos elegir a aquellos que nos hagan sentir mejor acompañadas que solas. Y a tener bien claro que en el fondo nunca estamos solas porque somos una manada”. ¿Manada? ¿De verdad que debemos interiorizar que somos una manada? Discúlpame, Paloma, pero la única manada que yo conozco es la que anda suelta por la calle después de haber agredido sexualmente a una mujer de 19 años y a otra de 17. Lo siento, pero no me identifico con ninguna manada. Nos queremos libres y vivas, no en manada. Queremos dejar de llamarnos víctimas o, mejor dicho, VVG como nos llaman las administraciones e instituciones. Queremos que las administraciones y entidades dejen de subvencionarse con nuestro sufrimiento. Porque lucrarse con el sufrimiento de cientos de mujeres eso también es maltrato. Queremos ser sujetos activos no objetos subvencionables. Queremos dejar de llamarnos víctimas de violencia de género a ser reconocidas como mujer maltratada por un hombre psicópata- maltratador (da igual la edad que tenga, da igual a qué se dedique). Y me permito hablar en nombre de muchas mujeres cuando me expreso con un “nosotras queremos” porque, como mujer, me siento cansada de ver cómo la sociedad entera gira la cara hacia otro lado, como en esa eterna anestesia de “esto no va conmigo”. Y quien nos visibiliza, lo hace desde la mirada de víctima vulnerable, que sí, que lo somos en tanto en cuanto esos psicópatas nos maltratan, pero dejar-NOS de victimizar-NOS y de responsabilizar-NOS con esos “Debemos interiorizar…” del artículo como si fuésemos responsables de que nos maltraten, humillen y maten porque no sabemos reconocer a esos hombres psicópatas- maltratadores o hemos sido educadas en la idea de amor romántico o repetimos relaciones cuando estamos “viviendo su segunda o tercera relación con un maltratador”, como se expone en el artículo.

Nos queremos libres y vivas y no en manada.

 

Puedes leer el artículo completo escrito por Paloma Tosar López en:

https://elpais.com/sociedad/2018/09/27/actualidad/1538062071_949725.html?id_externo_rsoc=FB_CC

 

 

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